martes, 10 de octubre de 2006

Calor otoñal

La ciudad lleva unos días siendo hostil, el sol y el mal olor eran inaguantables y al fin, ahora que esto ha desaparecido tengo una recaída. No sé si es por méritos propios o para demostrar que ciertamente la soledad puede reinar aunque uno esté rodeado. Ni siquiera las nubes grises tienen fuerza, ¿qué es lo que está pasando? Desconozco si debería emigrar a otro lago... pero las hojas no caen aún. Me inquieto, pero quizá eso no sea suficiente. Investigaré en el rumor de las hojas, en las nubes y en el asfalto mi respuesta. Sé que hay un destino, sé que hay un fin... esperaré pues

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