sábado, 28 de julio de 2007

Tristemente alegre, alegremente sin nada

Siento el vértigo de los altos vuelos, y el aire (tu soplo) favorable, guía la orientación de mis alas para seguir avanzando muy alto y mucho más lejos de lo que me has llevado nunca, aunque al pensar en la geografía parezca que uno se engaña. Es probable que me engañe de verdad, nunca he ido tan lejos, nunca he marchado tan cerca con un medio tan sencillamente complejo como el tuyo. Otro día que no puedo evitar sonreír aún siendo pájaro. Me acurruco nuevamente en tu descanso y avanzo lejos y a lo alto.

jueves, 26 de julio de 2007

martes, 24 de julio de 2007

Insinuaciones


Después de unos días de viaje en mi futura casa, de convivencia, de dolor (mucho, mucho dolor) regreso para que aquello parezca un verdadero trocito de Paraíso, como un sueño imposible de tener pues, por mucho que haya intentado imaginármelo ha sido imposible. Los paseos por las carreteras vacías -solo los pasos unidos por grupos de modestas zapatillas pasan cada rato- , rodeadas de jardines, con grandes árboles que las protegen. Los pavos reales, los obreros que restauran la fachada (para hacerme sentir como en casa), el sol, el silencio, los dias abrumadoramente perfectos. ¿Por cuánto tiempo más? Miro constantemente las líneas de mis manos y me culpo por no poder borrarlas, por ser demasiado tarde. Todo está escrito ya, no queda más remedio que caminar aunque sea dentro de un recinto, pero siempre hacia arriba, hacia arriba, hacia arriba.

Comienzo mis vuelos practicando los saltos.



viernes, 6 de julio de 2007

Camino entre algodones


Apenas he salido del nido y me proteges, me ayudas a crecer como entre algodones, como entre nubes. Se me mezclan las canciones, se me confunden los olores que me llevan hacia ti y veo que es el momento, el momento de apartar todo lo que fuimos, de caminar otro rato hacia adelante o donde me lleves. Qué ganas de soñar, qué ganas de avanzar por muchos recuerdos que se queden atrás... Sobre todo, ¡qué ganas de partir ya! Enséñame rápido para que el viento no me lleve cuando marche. Guíame cual brújula en mitad del mar. ¡Rápido, hay mucho que explorar!

jueves, 5 de julio de 2007

Verano


Llega el verano montado en bicicleta y alejándose más rápido que nunca. Miro mi arrugada mano, las líneas que la surcan y la llenan de identidad, haciéndome pensar que tal vez todo estuviese ya marcado. Pretendo buscar una verdad que me conforte, pero tal no existe, desconozco acaso si tiene eso algo que ver con las marcas de nacimiento. No veo. Mi mente se nubla. Selecciono entre mi colección de fotos las mejores para recordar en un futuro todo lo q viví y no olvidar la identidad (marcada o creada, ya no me importa cómo sea) que cada uno de los que se acercó a mí grabó de algún modo. Necesito despejarme, me voy a la ducha.

lunes, 2 de julio de 2007

En busca de un sueño

Es cuestión de hacerse niño, de olvidar lo construido durante los años en los que no se forjó nada y simplificar las formas que mueven las circunstancias (como los impresionistas simplifican las hojas de los árboles en manchas de color consiguiendo movimiento) y el hacer todo sencillo hará que podamos avanzar cuando todo parecía perdido. Podría dar vueltas para poder explicar los sentimientos que me inundan, pero creo que sería enrollar la madeja con manos torpes y estropearía la situación tal y como en mis vuelos he hecho desgraciadamente siempre. El horizonte está ya cerca... ¡quién sabe lo que encontraré tras esta montaña en mitad de mi camino!

jueves, 28 de junio de 2007

26/06/07 Vuelo 225


Lucho. Bato inútilmente de forma desordenada las alas, llenas de heridas. Me agito. Rompo el equilibrio del aire y giro sobre mí misma con impulsos de mi cuerpo, como a golpes, pero nunca en círculos perfectos (mi estúpida naturaleza lo impide). Sólo quiero mantenerme en el aire, sin avanzar hacia ningún lado, bajo este día caluroso y soleado. Un rayo atraviesa por dentro todo lo que guardo, atacando, tal vez, al corazón. Caigo inútil al barro y me abandono, me hundo sin mover un dedo, cierro los ojos ante lo inevitable y el calor desaparece de golpe. Un suave murmullo de hojas me incita a ver, y veo al casi recién nacido adulto, inclinado ante mí, inmenso y con el sol a sus espaldas. Me toma entre sus manos con cariño, tan pequeña soy comparada con él. Me arrulla y oigo en su pecho tu corazón amabilísimo que me reconforta. Acaricia mis heridas limpias (el barro no ha ensuciado mis plumas) y desaparecen, dejando paso al calor agradable de su abrazo. Pasaría el resto de mi vida así...

...El llanto de Daniela al separarse de su madre (mi Caperucita) me despierta.

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Miro a mi alrededor y no reconozco nada. Un vagón de tren, en el que llevaré soñando horas y que no recuerdo haber tomado, aparece paulatinamente ante mis ojos. Alguien (tal vez el que en mi sueño tantas veces me recogió del barro) ha pagado mi billete con su vida. No llevo equipaje, paso de tener todo a vivir en pobreza absoluta, pero tampoco lo echo en falta. El traqueteo me dice que avanzamos rápido. Me asomo a la ventana. Fuera amanece.


Puede que esta noche haya sido el vuelo 225, mi último vuelo en sueños...

martes, 19 de junio de 2007

Mástil de barco


Veinticinco.

Quince. Nueve, ocho. Dos. Casi cero metros cuando mis manos, provistas de cincel, se paran ante la mítica obra, erguida y fría, mutilada, sin cabeza ni brazos -pero con alas-. Una mano poderosa detiene mi arma y me ordena retroceder, retirando todos los kandinskys y murillos de mi vista (mucho más aún de mis dedos) y me duele sentir las arrugas de mis dedos inútiles que se mueren entrelazados señalando ocho la estancia que me protege esta noche y dos de ellos allí donde tú me esperas.



Como un barco, sigo las luces que me guían en esta densa noche para llegar a la orilla de tu tierra y entre cantos marineros (en memoria de aquella muerte fiel y de su (mi) Madre) y olas movidas por el viento enfurecido (que se rabie y pegue cabezazos contra otra columna) tiro el equipaje pesado, para evitar hundimientos, por la borda. Tal vez me mareo con tanto ajetreo. Me sujeto con fuerza al mástil y asciendo. Quizá el viento sople más fuerte, enrabietado con sus rabias (que se las coma con patatas). Subo. Agarro con fuerza el mástil. Casi sin fuerzas, con más viento que antes, puede, le ignoro (nada puede sin mi Bien) y para olvidarle del todo levanto la vista... y miro al cielo.
Video blog: el fantasma - arbol

lunes, 11 de junio de 2007

Sueño en el alféizar

Una gota. Dos. Tres y cuatro. Cinco gotas. El cielo oscurece por momentos y los niños se retiran de sus juegos para volver a las casas. Los ataques de piratas se detienen como al pulsar el botón de un videojuego; los castillos de arena se desalojan para ceder al inevitable derrumbe. Seis, siete. El parque acá queda solo; los granos de arena de la playa continúan su débil viaje de idas y venidas impulsado por las olas imparables e indiferentes al hecho de que ya nadie las salta. Los coches encienden sus luces rojas a la par de los limpiaparabrisas. Catorce. Allá dentro, en el corazón del azul, un barco se zarandea al ritmo del baile que ha comenzado. Quince. La lluvia ya imparable. Busco cobijo en donde cualquier niño me ofrezca. Las chimeneas se encienden y me acurruco en el alféizar de cualquier ventana para espiar el interior entrañable. Papeles, cartas, posiblemente sueños de pequeños se retuercen y bailan con las llamas, como el mar con el barquito, y se funden con las cenizas del fondo ocultando lo que fueron. Intento entrar por un hueco de la ventana para secar mis alas. Muero, tal vez en el intento.

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Acaricio el cristal, allá afuera sobra la ciudad llueve. El silencio se apodera de las calles. Abro la ventana en mitad de la noche, pues me acabo de despertar. A lo mejor algún gorrión busca, como cada cierto tiempo, refugiarse en mi estantería de libros...

sábado, 9 de junio de 2007

Peatón pulse


Hoy he caminado bajo el asfixiante sol y, mientras esperaba a cruzar la calle, me iba camuflando en los finos palos de los semáforos. Peaton pulse... Pato pulse... Cruzo sin mirar, dejándome guiar por el oído, porque si me dedico a pararme en ese tipo de mensajes (según los cuales debería esperar a que un alma caritativa decidiese cruzar y pulsase entonces el botón) no avanzaría más que mediante pequeños simulacros. No hay aire por el que dejarse guiar, las plumas se me pegan al cuerpo con el calor. Avanzo por las calles decidida, procurando no mirar a los lados y segura que allá donde me llevan los pasos es el camino que yo misma he decidido.

Hago un nuevo esfuerzo por entender las señales de tráfico y aunque me quede sin sitio en la biblioteca, siempre sé a dónde puedo volver.

viernes, 8 de junio de 2007

Desde los tejados

Me siento en el tejado de cualquier casa a admirar el panorama. Me doy cuenta de cómo las cosas han cambiado y de que soy mucho más débil que antes, lo cual no implica que deje de volar. Lo de migraciones a grande escala y a lejanas tierras se ha reducido a pocos metros, pero no importa mientras que las vistas desde el tejado sean las q tengo delante. No atravesaré mares (es lo más probable), ni viviré grandes aventuras (no queda otra que aceptarlo), por eso mismo, por eso, me he hecho un diminuto ave de ciudad en vez de majestuosa ánade real. No importa, si es así es porque así tenía que ser. Y no vale resignarse (en esta ocasión no se admite), sino que toca amar el nuevo plumaje y la compañía de los que compartirán su tiempo a medias conmigo, a medias contigo.










(desde mi tejado,
en buena compañía)


Nuncá sé cómo cerrar estas entradas que abro queriendo contar mucho y sin saber hacer otra cosa que depurar y concretar (esa palabra que tanto apasiona a algunos, ¿verdad?) todo lo que quiero escribir en realidad, así que la cierro y punto. Un saludo a los que me leéis (no sé si el contador se ha disparado porque veo demasiado las fotos y al volver al blog las visitas se aumentan por mi culpa o es que de verdad alguien sigue mis saltitos de... quizá ahora gorrión, así que para que no se diga de la falta de educación... Bienvenidos!!! Siempre que queráis podéis dejar un comentario... y gracias)

lunes, 4 de junio de 2007

Pequeños vuelos

Todo lo que me ha acompañado durante años se va zanjando: las tiendas en las que compraba, cierran y la nueva etapa parece iniciarse para muchos. Nadie sabe lo que le depara el destino y, sin embargo, todos se mantienen entre las corrientes de aire y cada gorrión de la ciudad las aprovecha para sus nuevas metas, posiblemente muy lejos de mí y puede que nunca más nos volvamos a cruzar por la calle y, en todo caso, quizá haya pasado tanto tiempo que no sepamos sino tratarnos como desconocidos. No lo puedo descartar, y sin embargo, aunque nunca haya necesitado su presencia, parezco pegarme como una lapa a las cosas que nunca necesité y por ello, nunca pedí. Veo algún gorrión muriendo en cualquier rincón de la calle, agonizando, y pienso: ley de vida, a todos nos llega la hora. Vuelo unos metros más allá para que el hedor que desprenden no me atrape, ese olor a muerte que no puedo descartar que se hiciese más agrio con la basura que les tiré encima. No es momento de revolver entre los escombros para ver si hay algo que se pueda aprovechar, por eso decido deshechar todo y hacerlo nuevo, nuevos cimientos para la casa, para que no se derrumbe a la primera. Continúa el plan como hasta el momento. Algún día alzaré el vuelo tal y como indica el billete.


Los transeúntes piden ayuda en su agonía y aún los miro, sin saber qué he de hacer. No me marcho, les observo con dolor y pienso: ¡Cuántas partes por reparar de tu Grandísimo Corazón herido!

jueves, 31 de mayo de 2007

Mirada atrás

Llevo meses queriendo echar una rápida mirada atrás y evitándolo de nuevo a la vez, pero se me hace ya casi inevitable, pues se va cerrando una etapa de mi vida para dar comienzo a otra muy diferente pero que de algún modo seguirá ligada a todo lo anterior que he vivido.

Nací un 9 de mayo el mismo año de la caída del muro de Berlín en una familia normal y corriente que nunca me había esperado (llegué de sorpresa hasta para el médico, que afirmaba al inicio de mi existencia que era un embarazo psicológico), provista de dos hermanos mayores (un chico y una chica) a los que siempre quise aunque me hiciesen sus perrerías, pero era el juguete de la casa al que todos se comprometieron a cuidar. Siempre con una sonrisa entre los labios y atenta a todo lo que me rodeaba, ya asomaba la cabeza por la ventana para observar los pájaros que se acercaban mientras mi madre utilizaba la máquina de coser.



Los diciembres los pasaba en familia (los pocos que consideré como mi familia durante años) y los veranos en Oropesa del Mar, ese sitio que ahora está tan de moda y que sólo conocíamos unos pocos (mi abuelo trabajó allí cuando apenas era un pueblucho). Así crecí mis primeros años, entré en el colegio del que aún no me he despegado y poco a poco fui conociendo gente.

Poco hablaba, los mayores (en su mayoría eran los que me rodeaban) me enseñaron a escucharles para aprender más rápidamente. Preguntaba poco, siempre aparecía alguien que me descubriría poco después lo sencillas que eran las respuestas que buscaba. No me entretendré mucho más, pues aunque fuese cuando empecé a amar a los pájaros y a conocer mundo los hechos no tienen mucha más trascendencia.



El movimiento de la ciudad hizo que fuese perdiendo a muchos con los que me reí y fui aterrizando poco a poco cuando descubrí que las personas pueden desaparecer de tu vida sin más, aunque dejen mucha huella. El sistema educativo que unos locos (en teoría más listos que un niño que desconoce de lo que va el mundo) nos impusieron, hicieron mella cuando empezaban a aparecer las metas altas y explotaron el globo que comenzaba a volar gracias a los más importantes de mi vida, los que más se preocuparían de mí fuera de mi refugio. Sufrimientos, muchos sufrimientos en el interior de aquella coraza que protegían mis huesos.

Y en el mismo sitio que antes había bailado ahora aparecía la amargura, el enamoramiento del aire que sólo encandilaba y me apartaba de lo que aquellos desconocidos me habían enseñado que me podría hacer feliz toda la vida. El callar, ese fue siempre mi error de mayor gravedad. El separarme de las amistades que tenía a mi alcance, de mi familia, de todo lo que me rodeaba fue aumentando. Una llamada de la que más tarde sería mi futura madrina y que era de las personas que más me habían enseñado poco antes a lo que era amar de verdad, me salvó y me fue rescatando poco a poco de estanque de agua sucia en el que había comenzado a chapotear para ahogar aquello que yo misma llamaría mi caja de zapatos. En ese chapoteo me enamoré, y estúpida de mí pensé que duraría para siempre. Duraría, sí, pero debería rechazar a aquél soldadito de plomo incluso en más de una ocasión. Caperucita entretanto marchó y lloró como servidora había hecho poco antes por rechazar los zapatitos de cristal que le habían concedido para el mayor baile de su vida. Sin embargo, ella nunca reconocío que aquellos cuatro charcos de barro en los que chapoteaba eran más pobres que el vals con el Príncipe azul que le esperaba, como a mí, desde todos los tiempos. Comencé a caminar a estirones por tierras de peregrinación.

Mi vida cambió y mi no rotundo se convirtió en un sí, aún tímido, pero un sí al fin y al cabo. Durante un año (hace ya un año de esto) la lucha era diferente, cuesta arriba, pero hacia donde de verdad merecía la pena caminar. Yo lo sabía. Nunca lo dudé. Con el nuevo curso, el más horrible de mi vida (cuando me estacioné por estos territorios) llegaron los problemas, los nubarrones constantes, la soledad, las caídas, los rechazos al duro camino que me llevaba hasta ti. Sabes que en parte no fue culpa mía, el ver la indiferencia de quienes en teoría te amaban me hirió muy dentro y las huídas ya casi habituales, para deshacerme de ellas, no tuve más remedio que escribirlas aquí. Tu último impulso no promete que lo que llega sea más fácil, pero tiene al menos otro color, es un atardecer diferente el que me muestras y me regalas.
Puede que parta de estas tierras electrónicas para siempre, pero saber que eso significa que no estaré aquí porque estaré contigo me tranquiliza.
¿Dónde quieres que vaya?

lunes, 28 de mayo de 2007

Renuncia


Voy maquinando ya cómo deshacerme de todo lo que ha ocupado mi tiempo, recuerdo las maletas que me he llevado siempre y pienso que puede que dentro de no muchos viajes más estarán vacías. No me importa. Sólo me preocupa cómo apartar su contenido de mi vida para dejar de esconderme como he hecho hasta el momento tras de él. No es más que un montón de basura que no necesité. Me despierto por las noches y ya no hay amargura que me impulse a sollozar a escondidas, sólo una presión en el pecho, como un ardor, un deseo tal vez de salir a correr bajo la lluvia. Bebo del diluvio y disfruto con cada gota, aunque golpee mi piel y moje mi cuerpo, vivo, nuevamente vivo. Mis plumas no se secarán ya nunca aunque parta más o menos lejos y el calor asfixiante del verano no me rozará esta vez.

Mi ciudad continuará creciendo con mi marcha, y aunque digan que con mi edad ya no tengo posibilidades, a pesar de todo creceré, creceré hacia donde la presión del aire no me podrá frenar nunca: hacia adentro.

domingo, 27 de mayo de 2007

Nunc coepi!! (ahora comienzo!!)




Una ráfaga de viento azotó mi casa aquella tarde y al día siguiente la tempestad permanecía. El último golpe -las amistades verdaderas aunque parezca que se marchan para siempre permanecen mucho más cerca de nosotros en esos momentos difíciles- me movió definitivamente a decidir observar objetivamente, a olvidar lo que conocía para iniciar la marcha que había estado fingiendo durante toda mi estancia en este territorio.

Era el momento de dejarse deslumbrar, más en una fiesta tan marcada como era (me imagino que pocos de los que me leen saben a qué fiesta me refiero) y que podía ser la definitiva. Llovió, y en la aparente soledad de un pato despistado, descubría la compañía que yo misma había abandonado desde hacía tiempo. Ruptura definitiva con la simple sucesión de días tan monótona. Gente nueva y sin protección física (dejé el paraguas en casa porque no quería llevar una maleta demasiado grande) me dejé sacudir por dentro. Mientras, en la distancia, velaban por mí.


La mirada azul más penetrante, sencilla y sabia (locamente enamorada) que he visto en toda mi vida, apareció al día siguiente de mi llegada. Primero timidez, luego un mundo nuevo ante mis ojos. Lo previsible ocurrió al fin. El impulso definitivo. No había a quién abrazar, pero mis plumas temblaban de la emoción que guardaba dentro y las distancias se salvaron con una llamada de teléfono. Dicen que la primera conversación con esta grandiosa mujer nunca se olvida y espero que me dé para pensar cuando ya no me pueda hablar. Salgo de las murallas para comenzar el camino.

Último día, despedidas, hastaprontos asegurados y regreso al hogar. El nuevo camino que llevaba dentro me ha hecho ver al entrar en mi guarida que el paso de los años me había hecho acumular demasiado. ¿Cómo desprenderse de todo? Por suerte soy un pato, no una hormiga recolectora, así que no he acumulado demasiado. Recuerdos, cartas, fotos, escritos. Sueños. Compañeros de juegos. Todo eso ha sido lo que posiblemente me ha atado tanto estos últimos años. Ahora es como si nada tuviese que ver conmigo. Soy libre. No tendré que abrir más el cajón de invierno, ni de verano. No más. Las estaciones no determinarán que cambie mi vestimenta. Libre. Contigo. Para siempre, del todo.

Sin duda alguna aplastar mis deseos y proyectos será lo más difícil. Eran grandes -aunque quizá no tanto si he de consumirlos-.Comienza mi verdadero camino. No podré escribirlo entero, pues también llegará el momento de desprenderse de este cacharro con microchips y lucecitas, pero he decidido plasmar mi inicio, para que se vea que uno nunca muere, que siempre queda esperanza...

jueves, 24 de mayo de 2007

Paso

Caigo al agua, ante miradas despectivas que nada dicen aunque espere de sus picos alguna palabra. Nado para salir del charco, el charco que me hace verme como soy en el reflejo del agua: un color invertido, una mancha sucia de alquitrán entre los claros de estos días de tormenta. Las recaídas continuas, las plumas llenas de sangre. Prefiero no moverme y dejar correr el río, que ni me va ni me viene. Por muy ave acuática que sea, jamás me gustó cubrir mis patas; por grandes que sean mis alas, jamás levantaré el vuelo. La pluma arde sobre el papel y hierve en sangre. No merece la pena que marques mi camino de baldosas amarillas, lo abandono cual barquito de juguete, a la deriva, en el estanque que me designaron para vivir.

El cielo oscurece en el regreso a la guarida, donde paso las horas llenándome de ruido una vez más. Olvido lo que he visto, las heridas de tus dedos al tocarme. Quizá mejor que te alejes unos metros para evitar otro rato de dolor. Vete con quien debes y continúa tu camino sin mí. Te necesito, pero no me queda otro deseo que renunciar.
Te dejo.

Adiós.

jueves, 17 de mayo de 2007

Bombilla fundida

No eran muchos los metros que me separaban de ti y sin embargo se han hecho largos, pues ya estaba deseando llegar para acurrucarme y poder descargar mi mayor peso sobre alguien en quien supiese que podía confiar. Ya sollozaba desde hacía pocos minutos y recogía la cabeza bajo mis plumas para esconderme de las miradas de los desconocidos. Estaba en el barrio, lo noté en cuanto descubrí que la cobertura complicaba la llamada. Y llegué, te saludé, como he hecho tantas veces estos últimos días, y bajando la cabeza, comenzaron a brotar las lágrimas. Estabas a oscuras. Me pregunté quién estaba más apagado de los dos y me culpé, quizá, pero verte en penumbra me hizo sentirme tal vez más cerca. Más grandioso era lo que guardabas dentro tú que lo mío, eso no lo dudaba, y aunque nada fuésemos capaces de decir ninguno nos comprendíamos. No sé cuánto durará esto, pero ante todo no te vayas. No me dejes. No dejes que te deje. No soportaría una vida entera -vacía- sin ti.


miércoles, 16 de mayo de 2007

Sigue buscando

Me recreo en mis pasos, no avanzo ya por la ciudad si no es en compañía de mi más fiel amistad. No quiero andar, aunque busquemos, preferimos andar sin rumbo muy fijo por las calles. Aunque caminamos, sé que él avanza -tiene mejor base- y le sigo de cerca. Su experiencia no impide, sin embargo, que le eche alguna breve regañina, y aunque sabe que tengo razón quizá no la tome muy en cuenta. No importa, tampoco es algo que estropee la coordinación en la búsqueda. Somos especies distintas (no sabría determinar la suya, pues cada vez que miro parece haber cambiado), pero desde que nos conocimos intentamos hablar el mismo dialecto (adivinad quién enseñó a quién).

No camino, definitivamente me niego a caminar, como un burro terco, si no es en su compañía. Miro la caja de zapatos, de vez en cuando con rencor (¿quién le habrá puesto ese candado?) y me repito cada noche, después de cada pedrada que algún niño lanza desde arriba del puente, que no quiero andar hacia ningún lado. Si acaso, en algún momento, no lo puedo evitar y lloro en silencio, para no despertar a nadie en los alrededores, para que el dolor sea solo mío y parezca así que no existe.

Confío en que mi ángel verde y gris vuelva a brillar como lo hacía, y que incluso me ilumine de vez en cuando. Este pato está envejeciendo... y va perdiendo facultades. Quizá todo llegó demasiado pronto para él, ahora espera sacar provecho de su experiencia. He salido de las oscuridades de los puentes, ahora, me arrullo cerca de los adoquines: a la luz (no hay escondites), aunque duermo.

domingo, 13 de mayo de 2007

Hasta el mar


En vista de que el tren nunca llegó, he decidido regresar al mismo tipo de vida de siempre. Me oculto entre los juncos, bajo el puente que me camuflará durante toda la semana, hasta que, como cada sábado por la noche, decida iniciar otra vez la mudanza unos metros más adelante del surco del río y prepare mis cosas para a primera hora de la mañana del día siguiente, hacer otro breve crucero. Aún desconozco el motivo, puede que sea para huir de esta ciudad que va devorando mi terreno o simplemente para entretenerme con algo, pues sé que esconderme de ti es imposible, por mucha maleza que me oculte, nunca podré camuflarme lo suficiente.

Los domingos nos vemos, tú me invitas a todo y yo, que no tengo nada, callo porque no tengo nada que decir, porque ya se sabe todo, ya está todo dicho. Este escondite no me permite hablar, ha decidido que mi silencio permanezca unas horas más, un día más, posiblemente para ahogarme más tarde. Me mantengo en vilo, y para ello picoteo mis dedos. Así no dormiré y no me pillarás por sorpresa. No soñaré, pero no podrás atraparme con mis pesadillas. Ya no.

De puente a puente, y avanzo porque me lleva la corriente...
¿Marcará el dado esta vez el número adecuado para salir de esta jaula?

miércoles, 9 de mayo de 2007

08-05-2007

Despellejo el calendario en dirección contraria a la que están habituados los humanos, buscando acaso el paisaje que me consuele. Me paro, definitivamente, en el mes que caí en estas tierras cuando empecé a escribir las primeras líneas de este absurdo por el absurdo, como el breve reflejo de mis últimos pasos por mis calles -las que frecuenté durante los tiernos años de mi vida- de las que conozco de memoria hasta dónde han dejado siempre sus charcos (como las líneas de las manos de esta ciudad).

Como decía, me paro en esa página y veo cómo fragmentos del hielo se separan y se van con el río que empieza a descongelarse. El cielo dice poco por su parte y las montañas no invitan siquiera a tantearlas. Pero el hielo se rompe. Y parte lejos para convertirse en vida cuando se deshaga por completo.


Anoche mismo, llegó un pasajero, tras un largo viaje de avión, a mi habitación de al lado, y dormirá en el mismo sitio donde la madrugada anterior un pato lloraba contra la almohada mientras tiritaba, no de frío, sino de amargura por su próxima marcha.




Partiré con las mismas provisiones con que aterricé: una pluma de repuesto, por si el viaje se complica y debo pedir auxilio a mi sentido de la orientación. Regalé mi brújula para guiarme sólo por el sol y no volar ya más de noche (aunque por lo que me voy conociendo seguramente alguna noche reanude mi noctambulismo).
La maleta ya está hecha; parto pues sin equipaje ni mapa, pero con un destino marcado: mi camino, NUESTRO CAMINO.




Epílogo

Se acerca el verano del 2007 EP (Época de Cristo). Llevo 17 años y 364 días preparando el billete, y apenas dos aguardando en la estación (tú esperaste toda una eternidad). Mañana, quizá, me inviten a un viaje. Prometo escribir cuando me vaya.

sábado, 5 de mayo de 2007

Cuento breve







Amiga Caperucita,

Sigues en los sueños diurnos de Blancanieves (esos que algunos llaman pensamientos o recuerdos) y ve cómo tomaste el camino más ancho que se adentraba en el bosque y te perdías entre los árboles como un espejismo que nunca existió. No te avisó que era el sendero más peligroso, que cualquier lobo podía despedazar tu vida de un bocado y quedarse además con el contenido de tu cesta, que con tanta ilusión portabas entre tus brazos. Hasta un cantante que nunca te conoció te dedicó una canción mucho antes de que partieras. Y tú la conociste por mí, no sé si todavía la recuerdas y caiste acaso en la cuenta de que la escribió para ti.



Amiga Caperucita,
Ayer me pareció ver en las paredes de los pasillos un dibujo que tú y yo hicimos poco después de conocerte. Las sombras del dibujo las aportaste tú, lo mío fueron los brillos hechos con tiza que alguien después de algunos años ha retocado. Era nuestro a pesar de todo y, por mucho que pudiese asegurar a mi acompañante del descubrimiento que hice ayer que ese dibujo sobre cartulina roja era un símbolo de lo que nos unió, solamente nosotras sabemos que era nuestro y que por mucho que retocasen los brillos o las sombras ambas eran parte de nuestro trabajo.



Amiga Caperucita,
Quizá no lo sepas nunca, pero Blancanieves murió poco después de tu partida y ahora ya no hay príncipe que la pueda hacer despertar. Espera al menos que tu mirada a esa cuna no te recuerde a la muerte y te dé la vida que te negó con su silencio.

Firmado,


Blancanieves.

















PD: Me quito el disfraz, y vuelvo al estanque a esperarte...

miércoles, 2 de mayo de 2007

Efectos de tu café

Este soñar me mata cada noche un poco más. Por el día me siento hincar la cabeza sobre los libros -cuando más me pasa esto es tras haber llenado mi buche de fabricación humana- y por la noche me revuelvo entre mis plumas buscando acomodarme a una postura. Es ya bien pasada la vigésimo quinta hora cuando caigo en la cuenta de que tampoco hoy me he despedido de ti. Los minutos pasan y maldigo una vez más que no pueda evitar que te secuestres mi agotamiento cual hombre del saco. Busco acaso refugiarme bajo tu árbol seco, erguido, vacío. El frío me arrulla -sólo mientras no desisto- y recorro las calles solitarias con mi mente.

Esto es demasiado para un pato sin sino. Recorro pues las teclas del piano como hacía antes: "Es tu vida, es tu amargura que se escapa lejos, a donde tus alas recortadas ya no te llevarán nunca".

Acomodo el pico entre mis plumas y cierro los cristalinos ojos. No descanso, pero por algún motivo que escapa al entender de mi corta vida, he decidido engañarme una noche más.

domingo, 29 de abril de 2007

Regarde

Mira a donde quieras, no encontrarás nada que te explique mis palabras. Sueña cuando veas, porque eso ya no es asunto mío. Duerme por los suelos hasta que el frío entre en tus huesos. Cómete la almohada y acaba con esto que no llega a ninguna parte. Los papeles por los suelos. La cabeza en otra parte. Quizá vuelvas a engañarme en la distancia como hacías hace años. Puede que no fuese más que un sueño roto, un desgarro de mi alma o simplemente -como hace años- otra pesadilla. Hablo con las paredes y, mi soldadito de plomo, ellas me escucharon como tú.


Al fondo se pierde la carretera, el sol cae como cada día y, nuevamente sin despedirse -tal y como ha tomado por costumbre- se escapa de mis dedos.




















martes, 24 de abril de 2007

Vuelo


Aunque el mundo decida alejarse de nuestra realidad, siempre queda un hilo que nos une con él. Como cada atardecer, huye lo más lejos que puede para volver a caer de nuevo en tierra al cabo de las horas. Y teme Ícaro como cada mañana que se levanta, pues sabe que elevar el vuelo exige exponerse nuevamente al sol; no sabe cuánto resistirá la cera, ni quién le recogerá más tarde cuando caiga al mar. Ícaro, eleva otro día más el vuelo, y sale a buscar la vida fuera de su isla de nuevo para pisar el asfalto al regresar.

jueves, 19 de abril de 2007

Parada lejos de ti



Emprende el camino con decisión, la mano sangrando tras el puñetazo al irregular muro. La cara, más de lo mismo, empezando a amoratarse en algunos de sus puntos por los golpes propinados por su rabia, su odio contra sí (por suerte, todo se esconde bajo sus plumas). Y no sabe si ha creado todo porque sí, porque las cosas nacen y siempre hay algo que deseamos matar. No quiere revivir más recuerdos, ¿por qué regresan? ¿Quién los ha creado? Y otro más que se pierde en su camino, un poco más allá que el anterior, físicamente algo más cerca. Y llora por dentro. No hace falta asustarse, pero iría a la costa para al menos no tener nada que revivir.

Deja aquello atrás, muy atrás, como si no le importase que se derrumbe para siempre. No más, por favor. Partez loin!!! Partez loin de ma vie!!!!


Vuelvo a la estación sabiendo (como cada vez que voy) que será inevitable apartarte de mi vida del todo.

martes, 17 de abril de 2007

Un poco más allá


Tal vez algún pariente mío haya sido (alguna vez) un experimentado lobo de mar. Sin grandes barcos, fe o tripulación, pero con un gran manejo de los nudos. Solitario, sombrío, misterioso, forjador de sueños y grandes proyectos con el tiempo convertidos en simples ruinas, pero pescador, sin lugar a dudas, de su propia vida y su sustento. Quizá todos los días se aproximase al muelle y mirase con altivez los barcos de sus vecinos del pueblo y, orgulloso, llegase a una pequeña playa recogida para desatar su pequeña barquichuela de madera, construída por él mismo hacía unos años cuando era más joven, o tan sólo heredada de su padre, o encontrada y restaurada por sus propias manos (lo más probable) tan hábiles como habían sido siempre. Y tomaría pues su barca para hacerse a la mar con el fin de pescar algo, a veces un pez y en ocasiones (sin lugar a dudas las más numerosas) una idea brillante o un pensamiento que fuese capaz de plasmar en un papel medio arrugado con su letra pequeña y cerrada. Cartas que nunca enviaría, minuciosos dibujos o simplemente la necesidad de decir algo con la voz más fuerte que le salía del pecho. Y puede que al regresar a casa, después de haberse mantenido durante horas hasta bien caído el día en aquel pequeño mundo que era su barca -que durante un tiempo formó parte de una inmensidad- puede, se retirase a ninguna parte como todas las semanas y, definitivamente enamorado, decidiese estar otro rato más con la brisa de su compañía, que nunca le abandonaba. Y tal vez desde este mar de tierra sobre el que me mezco, llegue, en algún punto a parecerme a ese pariente mío, que tan dentro de mí y tan imaginado, puede que ya sea un pedazo de mi vida.

jueves, 12 de abril de 2007

Vete

Descubro que no puedo ya tenerte


pues eres más de ti que de mí misma


saber que ya tu vida no la tengo


y tu favor jamás lo tuve de mi lado.


Que me hayas arrancado media vida


(sino más), apartándome mis sueños


rompiéndome mi nada,


deshuesando mis miedos...


quisiera poder remediarlo


con mis deformes dedos.


Laten tus años hacia la muerte


cogidos de la mano que te presto


a pesar que decidí no más quererte


desahuciando el resto con lo puesto.





Mátame del todo o enséñame a vivir,


no a medias,


arráncame la vida que no quiero


pues olvido soñar.


Tiembla mi sueño, mi vida, el sentir,


varada, parada,


siento que el camino altero


y tiendo a descarrilar.


Veo el miedo de mis ojos en el agua,


llora la risa,


mata el oído que me engaña,


huye la tierra.


Se va la vida lejos, lejos


que tiene prisa,


y en la deriva mi isla


destruye mi guerra.








la dernière illusion est de croire qu'on les a toutes perdues


(La última ilusión es creer que las hemos perdido todas) (Chapelan)

lunes, 19 de marzo de 2007

kill me


Saber que has matado a alguien, y no poder hacer nada por ella. Que esa persona te dé las gracias. No hay consuelo. Ya no. Ver saltar a tus demás soldados al vacío del mismo modo y no hacer nada. Si al menos fueses ciego de nacimiento...

Nuevamente

Se agarra con todas sus fuerzas a la barra. El silencio esta vez no mata, sino que enseña. Permite aprender, como a más de uno se le ha olvidado. Es el libro abierto que cerramos un día en nuestras vidas para no ver lo que se clava en nuestros adentros, para hacernos los firmes con nuestra espalda erguida. Y ahora, que tenemos delante una columna que no sujeta, nos obligamos a recordar aquello que no nos dejamos enseñar. Suelta el metal para tocar el tubo de plástico que le permite respirar. Ahora somos conscientes, y nos arrepentimos de tantas quejas inútiles que tiramos al viento ante sus labios mudos que sonríen de vez en cuando a la visita.

martes, 6 de marzo de 2007

Casitas de papel de periódico


Vivo en una casa de papel estos últimos días. Los muros se mueven por el aire (que siempre ha estado ahí, pero ahora que son más finos parece que estuviesen en un terremoto constante), la tinta se despega de la superficie y empapa con gotas negras mis plumas. No son más que el frío estos contratiempos, el frío que se cuela por las rendijas de mi hogar. Sucia, chapoteo en los charcos que quedan, ya sin ilusión, sabiendo que no es nada lo que busco, mas menos encuentro. El papel se pega en mis ojos y me impide abrir los párpados. Apuñala. Corre el metal dejando un surco que se quedará por segundos más marcado. Nada más caminará en un tiempo cronometrado, marcado de antemano inconscientemente. Nadie sabe. Pas.

jueves, 1 de marzo de 2007

Laberinto de cristal

Parece que todo ha terminado de forma drástica, pero continúo en mi laberinto de paredes transparentes. Veo al enemigo unos metros más allá, mirandome, vacilando. Mi espalda apoyada en el muro, tengo frío, miedo, pero sólo sé observar los ojos del monstruo y, al igual que yo no sé salir de este sitio sin puertas, él no sabe llegar hasta mí. Respiro como puedo, pero mis pulmones parecen negarse a admitir más aire impidiéndome todo, permitiéndome nada. El muro es alto, no hay duda. Dejo pasar el tiempo como siempre sin cronometrarlo, sabiendo que lo pierdo aunque no posea reloj. No hay paisaje más allá de los muros, solo una niebla brillante al horizonte; desconozco la salida aunque sé métodos para salir. Sin duda, a pesar de que salga, sé que mis primeros años de vida se quedarán atrapados.




Temo romperme alguna parte de mi interior en el intento de huída. El suelo, el vidrioso muro, los ojos del monstruo, la niebla. Adiós infancia. Prometo salir.