lunes, 19 de marzo de 2007

kill me


Saber que has matado a alguien, y no poder hacer nada por ella. Que esa persona te dé las gracias. No hay consuelo. Ya no. Ver saltar a tus demás soldados al vacío del mismo modo y no hacer nada. Si al menos fueses ciego de nacimiento...

Nuevamente

Se agarra con todas sus fuerzas a la barra. El silencio esta vez no mata, sino que enseña. Permite aprender, como a más de uno se le ha olvidado. Es el libro abierto que cerramos un día en nuestras vidas para no ver lo que se clava en nuestros adentros, para hacernos los firmes con nuestra espalda erguida. Y ahora, que tenemos delante una columna que no sujeta, nos obligamos a recordar aquello que no nos dejamos enseñar. Suelta el metal para tocar el tubo de plástico que le permite respirar. Ahora somos conscientes, y nos arrepentimos de tantas quejas inútiles que tiramos al viento ante sus labios mudos que sonríen de vez en cuando a la visita.

martes, 6 de marzo de 2007

Casitas de papel de periódico


Vivo en una casa de papel estos últimos días. Los muros se mueven por el aire (que siempre ha estado ahí, pero ahora que son más finos parece que estuviesen en un terremoto constante), la tinta se despega de la superficie y empapa con gotas negras mis plumas. No son más que el frío estos contratiempos, el frío que se cuela por las rendijas de mi hogar. Sucia, chapoteo en los charcos que quedan, ya sin ilusión, sabiendo que no es nada lo que busco, mas menos encuentro. El papel se pega en mis ojos y me impide abrir los párpados. Apuñala. Corre el metal dejando un surco que se quedará por segundos más marcado. Nada más caminará en un tiempo cronometrado, marcado de antemano inconscientemente. Nadie sabe. Pas.

jueves, 1 de marzo de 2007

Laberinto de cristal

Parece que todo ha terminado de forma drástica, pero continúo en mi laberinto de paredes transparentes. Veo al enemigo unos metros más allá, mirandome, vacilando. Mi espalda apoyada en el muro, tengo frío, miedo, pero sólo sé observar los ojos del monstruo y, al igual que yo no sé salir de este sitio sin puertas, él no sabe llegar hasta mí. Respiro como puedo, pero mis pulmones parecen negarse a admitir más aire impidiéndome todo, permitiéndome nada. El muro es alto, no hay duda. Dejo pasar el tiempo como siempre sin cronometrarlo, sabiendo que lo pierdo aunque no posea reloj. No hay paisaje más allá de los muros, solo una niebla brillante al horizonte; desconozco la salida aunque sé métodos para salir. Sin duda, a pesar de que salga, sé que mis primeros años de vida se quedarán atrapados.




Temo romperme alguna parte de mi interior en el intento de huída. El suelo, el vidrioso muro, los ojos del monstruo, la niebla. Adiós infancia. Prometo salir.