jueves, 31 de mayo de 2007

Mirada atrás

Llevo meses queriendo echar una rápida mirada atrás y evitándolo de nuevo a la vez, pero se me hace ya casi inevitable, pues se va cerrando una etapa de mi vida para dar comienzo a otra muy diferente pero que de algún modo seguirá ligada a todo lo anterior que he vivido.

Nací un 9 de mayo el mismo año de la caída del muro de Berlín en una familia normal y corriente que nunca me había esperado (llegué de sorpresa hasta para el médico, que afirmaba al inicio de mi existencia que era un embarazo psicológico), provista de dos hermanos mayores (un chico y una chica) a los que siempre quise aunque me hiciesen sus perrerías, pero era el juguete de la casa al que todos se comprometieron a cuidar. Siempre con una sonrisa entre los labios y atenta a todo lo que me rodeaba, ya asomaba la cabeza por la ventana para observar los pájaros que se acercaban mientras mi madre utilizaba la máquina de coser.



Los diciembres los pasaba en familia (los pocos que consideré como mi familia durante años) y los veranos en Oropesa del Mar, ese sitio que ahora está tan de moda y que sólo conocíamos unos pocos (mi abuelo trabajó allí cuando apenas era un pueblucho). Así crecí mis primeros años, entré en el colegio del que aún no me he despegado y poco a poco fui conociendo gente.

Poco hablaba, los mayores (en su mayoría eran los que me rodeaban) me enseñaron a escucharles para aprender más rápidamente. Preguntaba poco, siempre aparecía alguien que me descubriría poco después lo sencillas que eran las respuestas que buscaba. No me entretendré mucho más, pues aunque fuese cuando empecé a amar a los pájaros y a conocer mundo los hechos no tienen mucha más trascendencia.



El movimiento de la ciudad hizo que fuese perdiendo a muchos con los que me reí y fui aterrizando poco a poco cuando descubrí que las personas pueden desaparecer de tu vida sin más, aunque dejen mucha huella. El sistema educativo que unos locos (en teoría más listos que un niño que desconoce de lo que va el mundo) nos impusieron, hicieron mella cuando empezaban a aparecer las metas altas y explotaron el globo que comenzaba a volar gracias a los más importantes de mi vida, los que más se preocuparían de mí fuera de mi refugio. Sufrimientos, muchos sufrimientos en el interior de aquella coraza que protegían mis huesos.

Y en el mismo sitio que antes había bailado ahora aparecía la amargura, el enamoramiento del aire que sólo encandilaba y me apartaba de lo que aquellos desconocidos me habían enseñado que me podría hacer feliz toda la vida. El callar, ese fue siempre mi error de mayor gravedad. El separarme de las amistades que tenía a mi alcance, de mi familia, de todo lo que me rodeaba fue aumentando. Una llamada de la que más tarde sería mi futura madrina y que era de las personas que más me habían enseñado poco antes a lo que era amar de verdad, me salvó y me fue rescatando poco a poco de estanque de agua sucia en el que había comenzado a chapotear para ahogar aquello que yo misma llamaría mi caja de zapatos. En ese chapoteo me enamoré, y estúpida de mí pensé que duraría para siempre. Duraría, sí, pero debería rechazar a aquél soldadito de plomo incluso en más de una ocasión. Caperucita entretanto marchó y lloró como servidora había hecho poco antes por rechazar los zapatitos de cristal que le habían concedido para el mayor baile de su vida. Sin embargo, ella nunca reconocío que aquellos cuatro charcos de barro en los que chapoteaba eran más pobres que el vals con el Príncipe azul que le esperaba, como a mí, desde todos los tiempos. Comencé a caminar a estirones por tierras de peregrinación.

Mi vida cambió y mi no rotundo se convirtió en un sí, aún tímido, pero un sí al fin y al cabo. Durante un año (hace ya un año de esto) la lucha era diferente, cuesta arriba, pero hacia donde de verdad merecía la pena caminar. Yo lo sabía. Nunca lo dudé. Con el nuevo curso, el más horrible de mi vida (cuando me estacioné por estos territorios) llegaron los problemas, los nubarrones constantes, la soledad, las caídas, los rechazos al duro camino que me llevaba hasta ti. Sabes que en parte no fue culpa mía, el ver la indiferencia de quienes en teoría te amaban me hirió muy dentro y las huídas ya casi habituales, para deshacerme de ellas, no tuve más remedio que escribirlas aquí. Tu último impulso no promete que lo que llega sea más fácil, pero tiene al menos otro color, es un atardecer diferente el que me muestras y me regalas.
Puede que parta de estas tierras electrónicas para siempre, pero saber que eso significa que no estaré aquí porque estaré contigo me tranquiliza.
¿Dónde quieres que vaya?

lunes, 28 de mayo de 2007

Renuncia


Voy maquinando ya cómo deshacerme de todo lo que ha ocupado mi tiempo, recuerdo las maletas que me he llevado siempre y pienso que puede que dentro de no muchos viajes más estarán vacías. No me importa. Sólo me preocupa cómo apartar su contenido de mi vida para dejar de esconderme como he hecho hasta el momento tras de él. No es más que un montón de basura que no necesité. Me despierto por las noches y ya no hay amargura que me impulse a sollozar a escondidas, sólo una presión en el pecho, como un ardor, un deseo tal vez de salir a correr bajo la lluvia. Bebo del diluvio y disfruto con cada gota, aunque golpee mi piel y moje mi cuerpo, vivo, nuevamente vivo. Mis plumas no se secarán ya nunca aunque parta más o menos lejos y el calor asfixiante del verano no me rozará esta vez.

Mi ciudad continuará creciendo con mi marcha, y aunque digan que con mi edad ya no tengo posibilidades, a pesar de todo creceré, creceré hacia donde la presión del aire no me podrá frenar nunca: hacia adentro.

domingo, 27 de mayo de 2007

Nunc coepi!! (ahora comienzo!!)




Una ráfaga de viento azotó mi casa aquella tarde y al día siguiente la tempestad permanecía. El último golpe -las amistades verdaderas aunque parezca que se marchan para siempre permanecen mucho más cerca de nosotros en esos momentos difíciles- me movió definitivamente a decidir observar objetivamente, a olvidar lo que conocía para iniciar la marcha que había estado fingiendo durante toda mi estancia en este territorio.

Era el momento de dejarse deslumbrar, más en una fiesta tan marcada como era (me imagino que pocos de los que me leen saben a qué fiesta me refiero) y que podía ser la definitiva. Llovió, y en la aparente soledad de un pato despistado, descubría la compañía que yo misma había abandonado desde hacía tiempo. Ruptura definitiva con la simple sucesión de días tan monótona. Gente nueva y sin protección física (dejé el paraguas en casa porque no quería llevar una maleta demasiado grande) me dejé sacudir por dentro. Mientras, en la distancia, velaban por mí.


La mirada azul más penetrante, sencilla y sabia (locamente enamorada) que he visto en toda mi vida, apareció al día siguiente de mi llegada. Primero timidez, luego un mundo nuevo ante mis ojos. Lo previsible ocurrió al fin. El impulso definitivo. No había a quién abrazar, pero mis plumas temblaban de la emoción que guardaba dentro y las distancias se salvaron con una llamada de teléfono. Dicen que la primera conversación con esta grandiosa mujer nunca se olvida y espero que me dé para pensar cuando ya no me pueda hablar. Salgo de las murallas para comenzar el camino.

Último día, despedidas, hastaprontos asegurados y regreso al hogar. El nuevo camino que llevaba dentro me ha hecho ver al entrar en mi guarida que el paso de los años me había hecho acumular demasiado. ¿Cómo desprenderse de todo? Por suerte soy un pato, no una hormiga recolectora, así que no he acumulado demasiado. Recuerdos, cartas, fotos, escritos. Sueños. Compañeros de juegos. Todo eso ha sido lo que posiblemente me ha atado tanto estos últimos años. Ahora es como si nada tuviese que ver conmigo. Soy libre. No tendré que abrir más el cajón de invierno, ni de verano. No más. Las estaciones no determinarán que cambie mi vestimenta. Libre. Contigo. Para siempre, del todo.

Sin duda alguna aplastar mis deseos y proyectos será lo más difícil. Eran grandes -aunque quizá no tanto si he de consumirlos-.Comienza mi verdadero camino. No podré escribirlo entero, pues también llegará el momento de desprenderse de este cacharro con microchips y lucecitas, pero he decidido plasmar mi inicio, para que se vea que uno nunca muere, que siempre queda esperanza...

jueves, 24 de mayo de 2007

Paso

Caigo al agua, ante miradas despectivas que nada dicen aunque espere de sus picos alguna palabra. Nado para salir del charco, el charco que me hace verme como soy en el reflejo del agua: un color invertido, una mancha sucia de alquitrán entre los claros de estos días de tormenta. Las recaídas continuas, las plumas llenas de sangre. Prefiero no moverme y dejar correr el río, que ni me va ni me viene. Por muy ave acuática que sea, jamás me gustó cubrir mis patas; por grandes que sean mis alas, jamás levantaré el vuelo. La pluma arde sobre el papel y hierve en sangre. No merece la pena que marques mi camino de baldosas amarillas, lo abandono cual barquito de juguete, a la deriva, en el estanque que me designaron para vivir.

El cielo oscurece en el regreso a la guarida, donde paso las horas llenándome de ruido una vez más. Olvido lo que he visto, las heridas de tus dedos al tocarme. Quizá mejor que te alejes unos metros para evitar otro rato de dolor. Vete con quien debes y continúa tu camino sin mí. Te necesito, pero no me queda otro deseo que renunciar.
Te dejo.

Adiós.

jueves, 17 de mayo de 2007

Bombilla fundida

No eran muchos los metros que me separaban de ti y sin embargo se han hecho largos, pues ya estaba deseando llegar para acurrucarme y poder descargar mi mayor peso sobre alguien en quien supiese que podía confiar. Ya sollozaba desde hacía pocos minutos y recogía la cabeza bajo mis plumas para esconderme de las miradas de los desconocidos. Estaba en el barrio, lo noté en cuanto descubrí que la cobertura complicaba la llamada. Y llegué, te saludé, como he hecho tantas veces estos últimos días, y bajando la cabeza, comenzaron a brotar las lágrimas. Estabas a oscuras. Me pregunté quién estaba más apagado de los dos y me culpé, quizá, pero verte en penumbra me hizo sentirme tal vez más cerca. Más grandioso era lo que guardabas dentro tú que lo mío, eso no lo dudaba, y aunque nada fuésemos capaces de decir ninguno nos comprendíamos. No sé cuánto durará esto, pero ante todo no te vayas. No me dejes. No dejes que te deje. No soportaría una vida entera -vacía- sin ti.


miércoles, 16 de mayo de 2007

Sigue buscando

Me recreo en mis pasos, no avanzo ya por la ciudad si no es en compañía de mi más fiel amistad. No quiero andar, aunque busquemos, preferimos andar sin rumbo muy fijo por las calles. Aunque caminamos, sé que él avanza -tiene mejor base- y le sigo de cerca. Su experiencia no impide, sin embargo, que le eche alguna breve regañina, y aunque sabe que tengo razón quizá no la tome muy en cuenta. No importa, tampoco es algo que estropee la coordinación en la búsqueda. Somos especies distintas (no sabría determinar la suya, pues cada vez que miro parece haber cambiado), pero desde que nos conocimos intentamos hablar el mismo dialecto (adivinad quién enseñó a quién).

No camino, definitivamente me niego a caminar, como un burro terco, si no es en su compañía. Miro la caja de zapatos, de vez en cuando con rencor (¿quién le habrá puesto ese candado?) y me repito cada noche, después de cada pedrada que algún niño lanza desde arriba del puente, que no quiero andar hacia ningún lado. Si acaso, en algún momento, no lo puedo evitar y lloro en silencio, para no despertar a nadie en los alrededores, para que el dolor sea solo mío y parezca así que no existe.

Confío en que mi ángel verde y gris vuelva a brillar como lo hacía, y que incluso me ilumine de vez en cuando. Este pato está envejeciendo... y va perdiendo facultades. Quizá todo llegó demasiado pronto para él, ahora espera sacar provecho de su experiencia. He salido de las oscuridades de los puentes, ahora, me arrullo cerca de los adoquines: a la luz (no hay escondites), aunque duermo.

domingo, 13 de mayo de 2007

Hasta el mar


En vista de que el tren nunca llegó, he decidido regresar al mismo tipo de vida de siempre. Me oculto entre los juncos, bajo el puente que me camuflará durante toda la semana, hasta que, como cada sábado por la noche, decida iniciar otra vez la mudanza unos metros más adelante del surco del río y prepare mis cosas para a primera hora de la mañana del día siguiente, hacer otro breve crucero. Aún desconozco el motivo, puede que sea para huir de esta ciudad que va devorando mi terreno o simplemente para entretenerme con algo, pues sé que esconderme de ti es imposible, por mucha maleza que me oculte, nunca podré camuflarme lo suficiente.

Los domingos nos vemos, tú me invitas a todo y yo, que no tengo nada, callo porque no tengo nada que decir, porque ya se sabe todo, ya está todo dicho. Este escondite no me permite hablar, ha decidido que mi silencio permanezca unas horas más, un día más, posiblemente para ahogarme más tarde. Me mantengo en vilo, y para ello picoteo mis dedos. Así no dormiré y no me pillarás por sorpresa. No soñaré, pero no podrás atraparme con mis pesadillas. Ya no.

De puente a puente, y avanzo porque me lleva la corriente...
¿Marcará el dado esta vez el número adecuado para salir de esta jaula?

miércoles, 9 de mayo de 2007

08-05-2007

Despellejo el calendario en dirección contraria a la que están habituados los humanos, buscando acaso el paisaje que me consuele. Me paro, definitivamente, en el mes que caí en estas tierras cuando empecé a escribir las primeras líneas de este absurdo por el absurdo, como el breve reflejo de mis últimos pasos por mis calles -las que frecuenté durante los tiernos años de mi vida- de las que conozco de memoria hasta dónde han dejado siempre sus charcos (como las líneas de las manos de esta ciudad).

Como decía, me paro en esa página y veo cómo fragmentos del hielo se separan y se van con el río que empieza a descongelarse. El cielo dice poco por su parte y las montañas no invitan siquiera a tantearlas. Pero el hielo se rompe. Y parte lejos para convertirse en vida cuando se deshaga por completo.


Anoche mismo, llegó un pasajero, tras un largo viaje de avión, a mi habitación de al lado, y dormirá en el mismo sitio donde la madrugada anterior un pato lloraba contra la almohada mientras tiritaba, no de frío, sino de amargura por su próxima marcha.




Partiré con las mismas provisiones con que aterricé: una pluma de repuesto, por si el viaje se complica y debo pedir auxilio a mi sentido de la orientación. Regalé mi brújula para guiarme sólo por el sol y no volar ya más de noche (aunque por lo que me voy conociendo seguramente alguna noche reanude mi noctambulismo).
La maleta ya está hecha; parto pues sin equipaje ni mapa, pero con un destino marcado: mi camino, NUESTRO CAMINO.




Epílogo

Se acerca el verano del 2007 EP (Época de Cristo). Llevo 17 años y 364 días preparando el billete, y apenas dos aguardando en la estación (tú esperaste toda una eternidad). Mañana, quizá, me inviten a un viaje. Prometo escribir cuando me vaya.

sábado, 5 de mayo de 2007

Cuento breve







Amiga Caperucita,

Sigues en los sueños diurnos de Blancanieves (esos que algunos llaman pensamientos o recuerdos) y ve cómo tomaste el camino más ancho que se adentraba en el bosque y te perdías entre los árboles como un espejismo que nunca existió. No te avisó que era el sendero más peligroso, que cualquier lobo podía despedazar tu vida de un bocado y quedarse además con el contenido de tu cesta, que con tanta ilusión portabas entre tus brazos. Hasta un cantante que nunca te conoció te dedicó una canción mucho antes de que partieras. Y tú la conociste por mí, no sé si todavía la recuerdas y caiste acaso en la cuenta de que la escribió para ti.



Amiga Caperucita,
Ayer me pareció ver en las paredes de los pasillos un dibujo que tú y yo hicimos poco después de conocerte. Las sombras del dibujo las aportaste tú, lo mío fueron los brillos hechos con tiza que alguien después de algunos años ha retocado. Era nuestro a pesar de todo y, por mucho que pudiese asegurar a mi acompañante del descubrimiento que hice ayer que ese dibujo sobre cartulina roja era un símbolo de lo que nos unió, solamente nosotras sabemos que era nuestro y que por mucho que retocasen los brillos o las sombras ambas eran parte de nuestro trabajo.



Amiga Caperucita,
Quizá no lo sepas nunca, pero Blancanieves murió poco después de tu partida y ahora ya no hay príncipe que la pueda hacer despertar. Espera al menos que tu mirada a esa cuna no te recuerde a la muerte y te dé la vida que te negó con su silencio.

Firmado,


Blancanieves.

















PD: Me quito el disfraz, y vuelvo al estanque a esperarte...

miércoles, 2 de mayo de 2007

Efectos de tu café

Este soñar me mata cada noche un poco más. Por el día me siento hincar la cabeza sobre los libros -cuando más me pasa esto es tras haber llenado mi buche de fabricación humana- y por la noche me revuelvo entre mis plumas buscando acomodarme a una postura. Es ya bien pasada la vigésimo quinta hora cuando caigo en la cuenta de que tampoco hoy me he despedido de ti. Los minutos pasan y maldigo una vez más que no pueda evitar que te secuestres mi agotamiento cual hombre del saco. Busco acaso refugiarme bajo tu árbol seco, erguido, vacío. El frío me arrulla -sólo mientras no desisto- y recorro las calles solitarias con mi mente.

Esto es demasiado para un pato sin sino. Recorro pues las teclas del piano como hacía antes: "Es tu vida, es tu amargura que se escapa lejos, a donde tus alas recortadas ya no te llevarán nunca".

Acomodo el pico entre mis plumas y cierro los cristalinos ojos. No descanso, pero por algún motivo que escapa al entender de mi corta vida, he decidido engañarme una noche más.