Y aunque parece que pierdo facultades, la verdad es que las alegrías siguen viniendo, entre pequeñas amarguras de día a día. Y parece que inicio una nueva ruta, entre el frío del sol de este invierno, que no acaba de empezar y empieza a acabar. Y el paisaje se torna casi agradable, a pesar de que el barro bajo la nieve manche. Decido aprender a mirar las líneas de mis manos para poder plasmarlas en un papel. Observo, investigo, pero sobre todo me inquieto por terminar ya el trabajo.

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