Parece que todo ha terminado de forma drástica, pero continúo en mi laberinto de paredes transparentes. Veo al enemigo unos metros más allá, mirandome, vacilando. Mi espalda apoyada en el muro, tengo frío, miedo, pero sólo sé observar los ojos del monstruo y, al igual que yo no sé salir de este sitio sin puertas, él no sabe llegar hasta mí. Respiro como puedo, pero mis pulmones parecen negarse a admitir más aire impidiéndome todo, permitiéndome nada. El muro es alto, no hay duda. Dejo pasar el tiempo
como siempre sin cronometrarlo, sabiendo que lo pierdo aunque no posea reloj. No hay paisaje más allá de los muros, solo una niebla brillante al horizonte; desconozco la salida aunque sé métodos para salir. Sin duda, a pesar de que salga, sé que mis primeros años de vida se quedarán atrapados.
Temo romperme alguna parte de mi interior en el intento de huída. El suelo, el vidrioso muro, los ojos del monstruo, la niebla. Adiós infancia. Prometo salir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario