lunes, 19 de marzo de 2007
Nuevamente
Se agarra con todas sus fuerzas a la barra. El silencio esta vez no mata, sino que enseña. Permite aprender, como a más de uno se le ha olvidado. Es el libro abierto que cerramos un día en nuestras vidas para no ver lo que se clava en nuestros adentros, para hacernos los firmes con nuestra espalda erguida. Y ahora, que tenemos delante una columna que no sujeta, nos obligamos a recordar aquello que no nos dejamos enseñar. Suelta el metal para tocar el tubo de plástico que le permite respirar. Ahora somos conscientes, y nos arrepentimos de tantas quejas inútiles que tiramos al viento ante sus labios mudos que sonríen de vez en cuando a la visita.
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