
Emprende el camino con decisión, la mano sangrando tras el puñetazo al irregular muro. La cara, más de lo mismo, empezando a amoratarse en algunos de sus puntos por los golpes propinados por su rabia, su odio contra sí (por suerte, todo se esconde bajo sus plumas). Y no sabe si ha creado todo porque sí, porque las cosas nacen y siempre hay algo que deseamos matar. No quiere revivir más recuerdos, ¿por qué regresan? ¿Quién los ha creado? Y otro más que se pierde en su camino, un poco más allá que el anterior, físicamente algo más cerca. Y llora por dentro. No hace falta asustarse, pero iría a la costa para al menos no tener nada que revivir.

Deja aquello atrás, muy atrás, como si no le importase que se derrumbe para siempre. No más, por favor. Partez loin!!! Partez loin de ma vie!!!!
Vuelvo a la estación sabiendo (como cada vez que voy) que será inevitable apartarte de mi vida del todo.
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