Mira a donde quieras, no encontrarás nada que te explique mis palabras. Sueña cuando veas, porque eso ya no es asunto mío. Duerme por los suelos hasta que el frío entre en tus huesos. Cómete la almohada y acaba con esto que no llega a ninguna parte. Los papeles por los suelos. La cabeza en otra parte. Quizá vuelvas a engañarme en la distancia como hacías hace años. Puede que no fuese más que un sueño roto, un desgarro de mi alma o simplemente -como hace años- otra pesadilla. Hablo con las paredes y, mi soldadito de plomo, ellas me escucharon como tú.
Al fondo se pierde la carretera, el sol cae como cada día y, nuevamente sin despedirse -tal y como ha tomado por costumbre- se escapa de mis dedos.


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