martes, 24 de abril de 2007

Vuelo


Aunque el mundo decida alejarse de nuestra realidad, siempre queda un hilo que nos une con él. Como cada atardecer, huye lo más lejos que puede para volver a caer de nuevo en tierra al cabo de las horas. Y teme Ícaro como cada mañana que se levanta, pues sabe que elevar el vuelo exige exponerse nuevamente al sol; no sabe cuánto resistirá la cera, ni quién le recogerá más tarde cuando caiga al mar. Ícaro, eleva otro día más el vuelo, y sale a buscar la vida fuera de su isla de nuevo para pisar el asfalto al regresar.

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