martes, 17 de abril de 2007

Un poco más allá


Tal vez algún pariente mío haya sido (alguna vez) un experimentado lobo de mar. Sin grandes barcos, fe o tripulación, pero con un gran manejo de los nudos. Solitario, sombrío, misterioso, forjador de sueños y grandes proyectos con el tiempo convertidos en simples ruinas, pero pescador, sin lugar a dudas, de su propia vida y su sustento. Quizá todos los días se aproximase al muelle y mirase con altivez los barcos de sus vecinos del pueblo y, orgulloso, llegase a una pequeña playa recogida para desatar su pequeña barquichuela de madera, construída por él mismo hacía unos años cuando era más joven, o tan sólo heredada de su padre, o encontrada y restaurada por sus propias manos (lo más probable) tan hábiles como habían sido siempre. Y tomaría pues su barca para hacerse a la mar con el fin de pescar algo, a veces un pez y en ocasiones (sin lugar a dudas las más numerosas) una idea brillante o un pensamiento que fuese capaz de plasmar en un papel medio arrugado con su letra pequeña y cerrada. Cartas que nunca enviaría, minuciosos dibujos o simplemente la necesidad de decir algo con la voz más fuerte que le salía del pecho. Y puede que al regresar a casa, después de haberse mantenido durante horas hasta bien caído el día en aquel pequeño mundo que era su barca -que durante un tiempo formó parte de una inmensidad- puede, se retirase a ninguna parte como todas las semanas y, definitivamente enamorado, decidiese estar otro rato más con la brisa de su compañía, que nunca le abandonaba. Y tal vez desde este mar de tierra sobre el que me mezco, llegue, en algún punto a parecerme a ese pariente mío, que tan dentro de mí y tan imaginado, puede que ya sea un pedazo de mi vida.

1 comentario:

Bax dijo...

La foto es de la playa de Barro