jueves, 17 de mayo de 2007
Bombilla fundida
No eran muchos los metros que me separaban de ti y sin embargo se han hecho largos, pues ya estaba deseando llegar para acurrucarme y poder descargar mi mayor peso sobre alguien en quien supiese que podía confiar. Ya sollozaba desde hacía pocos minutos y recogía la cabeza bajo mis plumas para esconderme de las miradas de los desconocidos. Estaba en el barrio, lo noté en cuanto descubrí que la cobertura complicaba la llamada. Y llegué, te saludé, como he hecho tantas veces estos últimos días, y bajando la cabeza, comenzaron a brotar las lágrimas. Estabas a oscuras. Me pregunté quién estaba más apagado de los dos y me culpé, quizá, pero verte en penumbra me hizo sentirme tal vez más cerca. Más grandioso era lo que guardabas dentro tú que lo mío, eso no lo dudaba, y aunque nada fuésemos capaces de decir ninguno nos comprendíamos. No sé cuánto durará esto, pero ante todo no te vayas. No me dejes. No dejes que te deje. No soportaría una vida entera -vacía- sin ti.
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