miércoles, 16 de mayo de 2007

Sigue buscando

Me recreo en mis pasos, no avanzo ya por la ciudad si no es en compañía de mi más fiel amistad. No quiero andar, aunque busquemos, preferimos andar sin rumbo muy fijo por las calles. Aunque caminamos, sé que él avanza -tiene mejor base- y le sigo de cerca. Su experiencia no impide, sin embargo, que le eche alguna breve regañina, y aunque sabe que tengo razón quizá no la tome muy en cuenta. No importa, tampoco es algo que estropee la coordinación en la búsqueda. Somos especies distintas (no sabría determinar la suya, pues cada vez que miro parece haber cambiado), pero desde que nos conocimos intentamos hablar el mismo dialecto (adivinad quién enseñó a quién).

No camino, definitivamente me niego a caminar, como un burro terco, si no es en su compañía. Miro la caja de zapatos, de vez en cuando con rencor (¿quién le habrá puesto ese candado?) y me repito cada noche, después de cada pedrada que algún niño lanza desde arriba del puente, que no quiero andar hacia ningún lado. Si acaso, en algún momento, no lo puedo evitar y lloro en silencio, para no despertar a nadie en los alrededores, para que el dolor sea solo mío y parezca así que no existe.

Confío en que mi ángel verde y gris vuelva a brillar como lo hacía, y que incluso me ilumine de vez en cuando. Este pato está envejeciendo... y va perdiendo facultades. Quizá todo llegó demasiado pronto para él, ahora espera sacar provecho de su experiencia. He salido de las oscuridades de los puentes, ahora, me arrullo cerca de los adoquines: a la luz (no hay escondites), aunque duermo.

1 comentario:

Aglarluin dijo...

Me encantan las fotos.
No te preocupes que seguro que el angel vuelve a ti.